sábado, noviembre 02, 2013

Dejávù

Él tiene más ideas que años.  Siente admiración por las personas que dicen lo que sienten por encima de lo que piensan y se enamora de cada sonrisa bonita que considera interesante, aunque esta
no siempre merezca su total atención. 
Ella es coqueta y sonríe mucho. No es tan inteligente como aparenta, pero su carisma y coquetería camuflan esas deficiencias y siembran en quien la conoces una sensación de suficiencia que enamora. Sigue esperanzada en un chico que no la quiere como debiera, ella le quiere, y sufre con locura, o sencillamente es un espasmo de locura lo que escapa del corazón de ella, en busca de aquel imbécil que no la sabe valorar sin entender lo que desperdicia.

Él tiene amigos y valora la amistad como el aire que respira, nunca ha lastimado a una chica por otra pero sí es nocivo por sus propios medios. Ella es extraña como el aire de madrugada e impredecible como la calma de una ola. 



Los límites de ella los marca su sonrisa, un verso con punto final que le corta la cara en un yingyang. Los de él los dibuja un estado de ánimo impredecible que no se nota aunque lo anuncie a los gritos. Lo que quieren no lo saben, lo que odian es más sencillo de entender. Él la quiere porque no la conoce, ella no se deja querer porque no sabe quién es él y piensa que debe querer al que aún espera. En el infierno los dioses rían burlones, en el cielo, las nubes se oscurecen por la pena y lloran la injusticia. Mientras que la vida sigue sin que el mundo deje de girar por tan insignificante cojudez.

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