viernes, noviembre 06, 2009

Limpiadores de bolsillo

La misma policía de cada noche parada en la esquina fuma un cigarrillo. Pareciera que con el humo que libera, tras cada calada, se le fuera el aburrimiento de vigilar, metódicamente, esta parte escandalosa de la ciudad. 7.30 de la noche, el paso de automóviles es tan intenso que el cambio de escenario automotriz, de luces, colores y modales pasa desapercibido por casi todos los que transitan por este cruce de avenidas, salvo por dos menudos muchachos que limpian carros a la altura del semáforo.
Dos niños juegan frente al grifo Primax, más conocido por la juventud juerguera como “el mega”, todos los días, y durante casi las mismas horas de la noche. Observarlos a diario es tan frecuente que sé que días no han salido a trabajar. Siempre andan juntos y pareciera que son hermanos, a primera vista eso es lo que percibo por el afecto que muestran cuando caminan abrazados o compartiendo las cosas que les regala la gente en la calle. No juegan plenamente, ni trabajan solamente, deberían solo jugar y no ocuparse de otra cosa que de pasarla bien, yo debería ocuparme de trabajar, y en vez de eso estudio en una universidad privada, soy afortunado y ellos no, me siento mal por ser afortunado, entonces vuelvo a hacerme la pregunta que me hago cada ves que me detengo a observar con detalle la realidad: ¿Es justo que sucedan estas cosas, realmente merezco mi suerte? Mucha gente prefiere no hacerse estas preguntas y por eso evita tomar conciencia del mundo que está fuera de su entorno.
Quiero entender más. Entonces me acerco un poco acobardado, probablemente avergonzado. Les pido que conversen conmigo, tengo que hacer un trabajo para un curso de la universidad les digo mientras me siento confiado en que accederán a ayudarme. Y un instante después descubro que no me había equivocado.
Sentados frente a mí observan con mucha curiosidad una bolsa con golosinas que compré para ellos. Rápidamente les reparto las cosas y ellos agradecidos me dicen sus nombres y edades.
El mayor se llama Jimmy y tiene 13 años, el pequeño es Alex y tiene apenas 8. Me cuentan que son hermanos y no son sólo dos sino siete en total. Viven en el AA.HH. Los algarrobos pero no piensan volver a casa hasta completar los 15 soles diarios que deben alcanzar cada noche. Les pregunto si alguien les obliga a pedir dinero y con calma me responden que no; Que ellos están metidos en una “junta” y pagan 15 soles diarios para poder comprarse ropa en navidad porque su número es para el 5 de Diciembre. Su respuesta me deja sorprendido, francamente esperaba algo un poco mas sombrío tras dos niños que trabajan limpiando carros en la calle. Con toda seguridad mi pretensión ha sido culpa de los estereotipos sociales.
¿Viven con sus padres? “Sí, en mi casa vivimos todos juntos”.
¿Tus papás trabajan?“Si, en el mercado”, contesta el más chiquito. De pronto Alex se levanta como si hubiera visto a su artista favorito y dice, “pete un toque”. Cruza corriendo la pista hasta llegar a decirle algo a un joven que estaba echándole combustible a su automóvil en el grifo “Mega”. Jimmy termina la respuesta de su hermano menor , me cuenta que sus papás trabajan en el mercado vendiendo fruta y que sus hermanos mayores trabajaron en Lima por una temporada pero como no les pagaban se tuvieron que regresar a Piura.
Alex luego de un par de minutos regresa corriendo y se sienta a mi lado contento, veo que tiene la mano llena de monedas, al calculo pareciera ser 4 soles, pero me equivoqué porque eran 7 soles los que le acababan de regalar.
Jimmy cuenta que tiene tiempo haciendo lo que hace; que llego hace un año con un amigo mayor que él. Antes era Jimmy (supongo que porque era el mas pequeño) al que todos le regalaban cosas y dinero, pero desde que ha llevado a su hermanito Alex se ha visto destronado de la preferencia de las personas. Alex nuevamente cruza corriendo la pista pero esta vez en dirección opuesta, ya imaginaba para donde iba así que continué mi conversación con Jimmy. Le pregunto si van al colegio: “Sí”, al “Federico Helguero Seminario” al igual que su hermano pero con la diferencia que en el turno de tarde. Entonces no se contienen las ganas de hacer la típica pregunta que uno reserva para los chiquillos de esa edad: ¿Qué quieres ser de grande?...
Mira un rato como no sabiendo que contestar, pero al instante dice: Abogado o doctor. Te tiene que gustar mucho la lectura le digo, y me responde que si lee y que le gusta Paco Yunque. ¿O sea que te gusta Vallejo? Indago. Niega con la cabeza y susurra, “Paco yunque nomás”, no me reí aunque causa gracia lo que dice. Le explique, que un trujillano de apellido Vallejo escribió Paco Yunque y él entiende y finalmente se ríe. Al girar la cabeza hacia mi derecha veo que Alex esta sentado nuevamente a nuestro costado y que otra vez está con la mano llena de monedas (este muchacho es una maravilla económica) 3 soles más al bolsillo; ¿Y tú?, ¿Qué quieres ser de grande?: Contador, responde sin dejar de contar las monedas que le acaban de dar. No sé si me esta tomando el pelo o si de verdad quiere ser contador. Me río y ellos también.
Estos chicos trabajan y estudian con la misma felicidad con la que uno va a jugar al parque o de fulbito con los amigos. No son los mejores de su clase y no se si es culpa de ellos o de la mala educación estatal que penosamente reciben, pero ya denotan las actitudes que poseen los emprendedores. Antes de sentarme a conversar con ellos en el cruce de las avenidas Ramón Mujica y la Panamericana Norte yo esperaba oír una historia más triste. En vez de ello me regalaron la seguridad de que los estereotipos son nada, apenas inhiben en las personas la justa posibilidad de eso, ser personas.
A estos muchachos a veces los botan de algunos lugares, me dice Jimmy que “el gordo” que vende salchipapas frente al grifo antes les regalaba papas fritas pero ahora ya ni siquiera los deja acercarse a los clientes que comen rápidamente en su pútrido local. Pasa lo mismo con los que van al grifo y por eso cuando piden dinero allí tienen que entrar rápido y de la misma manera salir si prefieren evitar una resondrada de los griferos. Les explico que lo más probable es que se molesten porque no todos los clientes toman bien el hecho de que se les acerquen a pedirles dinero, sino es eso entonces es que los dueños de esos lugares se han dado cuenta de que ustedes ganan más dinero que ellos en menos tiempo y están envidiosos de su habilidad (bromeo).No entienden el chiste, me miran y continúan comiendo los dulces que les regalé.

“Joven”-me dice el pícaro Alex- “me faltan dos soles con cuarenta para completar mis quince”. Yo, que ya oí decirle lo mismo a cada transeúnte y conductor que pasaba por nuestro costado lo miro con gracia y le doy 1 sol. Si finalmente Alex decide ser contador o economista seguramente le ira bastante bien aunque por como lo he visto en acción tiene mas pasta de “vendedor de sueños”.
Ahora entiendo que me ha salido barata la absolución de conciencia que sentí antes de empezar este trabajo. Ya no me siento mal por ser más afortunado que ellos, es mas, ya no me siento más afortunado que ellos. Simplemente me siento bien porque son felices y porque detrás de esa raída apariencia hay una mina de alegría, y de monedas.