domingo, noviembre 04, 2012

El donante suicida




Al viejo la mera cuestión  le irritaba un poco,  y sin embargo, no tendría un lugar más ajeno, ni una oportunidad tan certera para la pregunta. Entonces, la dejó morir: ¿Estás listo?

La respuesta del joven denotaba sincera tristeza, empero en esos días de injusticia al azar no cabía el reclamo; ni siquiera en el tono de voz, aunque la voz fuera firme y dejada. De falsa alegría, dibujo con un murmullo su epitafio en el aire: Nunca lo estaré.

Al instante cerro los ojos, y una línea circunspecta hizo un camino recto en el plástico monitor.
Dejó las pupilas enterradas en el techo, incapaces y muy secas.
Abrió los ojos el viejo médico y se apuró en bajarle al muchacho los párpados, como cortinas sin sol.
Secó un poco la propia mirada y, sin besarle la piel ni nada, espetó entumecido a la vez que levantaba sobre la frente una sábana:
Chau hijo, nos vemos… No sé si mañana.