Para cuando te haya terminado de soñar, probablemente
el huracán de tu pecho, habrá dejado de girar.
Mientras espero que eso nunca pase,
a pesar de que quiero que te vayas a volar,
me sentaré a caminar por el pasado,
ahogado y optimista en la terca soledad.
Recordaré el día en que sacudiste mis atrevimientos por las patillas,
y aunque no lo negaré, me dolió entonces,
me rompe hondo el saber que no podrás hacerlo más.
Quiero creer en lo mismo que tú creíste,
Para sentir como sentiste el plomo de la vida larga y matriarcal.
Pero “mami”, no me acuses de egoísta solo a mí…
¡Quédate!, susurramos mientras dormías todos nosotros a pedazos,
como sindicato familiar de vidas desordenadas,
sin su ductriz de manos pecosas que se ajaron con el tiempo.
No me alcanzarán las notas breves de literatura
sobre hojas cualesquiera, ya no encontraré color
u olor en las rosas de trilce tono que sembraste en tu jardín;
Porque tuve hace instantes,
que romper una antigua promesa que te hice en secreto…
Quién fiscalizará ahora mis salidas clandestinas desde su ventanal empolvado, quién romperá
mis falacias, con sus muecas desconfiadas ante los buenos amigos de pérfida influencia.
Con tu ausencia en mi pasillo,
no se me ocurre la pieza que encaje en mi puzzle mermado de decencia.
Si te marchas porque quieres;
Vete a pasear con tus viejos compañeros,
te juro que sonreiré con ojos rojos de cristal.
Trataré de parecer complacido para que no haga falta el llanto,
si al final, es aquí donde elevo en rimas mi quebranto.
El paso de despedida arrastro, sabiendo que te vas llevándote entera,
y nos dejas sin ti, sin revancha, con una caravana de recuerdos…
pero sin consuelo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario